La autonomía de tu hijo, una responsabilidad compartida entre la familia y Coruña British International School

En términos literales, la heteronomía se entiende como la sumisión inevitable a un poder externo. Dicho poder puede ser legal, social, laboral, familiar…  Sin embargo, desde el área de la psicología infantil se explica también que todos los seres humanos nacemos como seres heterónomos. Y esto simplemente quiere decir que los bebés cuando nacen dependen de forma natural de un adulto para realizar las tareas más básicas y cotidianas como pueden ser alimentarse, vestirse o asearse.

Tradicionalmente, y durante muchos años, la consecución de la autonomía personal del niño en estos tres ámbitos (alimentación, vestido e higiene) dependían en gran medida del contexto familiar. Concretamente, y de forma casi generalizada, era la madre la encargada de enseñar a los niños estas tareas cotidianas cuya consecución les brindaría una mayor independencia.

Sería el pedagogo y filósofo brasileño, Paulo Freire en su libro “Pedagogía de la autonomía” uno de los primeros en poner de manifiesto la importancia de trabajar la autonomía de los niños, no como algo relacionado con el ámbito familiar, sino como uno de los pilares fundamentales y pedagógicos de la escuela, asunto que nos tomamos muy en serio en Coruña British International School.

 

De casa a la escuela: la autonomía del niño como una responsabilidad compartida

Actualmente resulta más que evidente que la escuela participa de forma activa en esta área tan importante del desarrollo infantil. De hecho, cada vez son más las corrientes pedagógicas que insisten en que la autonomía se enseña, se adquiere y se consolida a través de rutinas propias del aula que colocan al pequeño en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Un proceso que resulta mucho más solido si viene abalado desde el contexto escolar y no desde el ámbito familiar

Esta es la razón por la cual vemos que el desarrollo de la autonomía, entendida como la adquisición de las capacidades que nos posibilitan la no total dependencia del adulto, es cada vez más importante en la etapa de Educación Infantil. Metodologías activas relacionadas con la creación de rutinas y la posibilitación de destrezas de pensamiento, el aprendizaje basado en problemas (ABP) o el trabajo cooperativo favorecen que el niño sea el protagonista de su propio proceso de crecimiento personal.

 

En cualquier caso, lo que parece obvio, y paradójico al mismo tiempo, es que en este proceso de adquisición de autonomía del niño siempre hay un adulto en el centro del proceso. Un adulto que de forma gradual deberá ir perdiendo protagonismo a favor de la independencia del pequeño. Por eso, es muy importante que este adulto conozca cuál es el papel que le corresponde asumir.

La actitud del adulto en el proceso

Verónica Rodríguez es psicopedagoga y terapeuta sistémica. Además, es la creadora del proyecto Afectos y Efectos (@afectosyefectos en Instagram). Con ella hemos hablado sobre cómo trabajar la autonomía con los más pequeños.

Para mí- nos dice Verónica– lo más importante a la hora de fomentar la autonomía es la actitud del adulto. Tanto si el niño es pequeño y está aprendiendo a ponerse los zapatos, como si es más mayor y le vas a dar las llaves de casa, la actitud en el niño debe ser de confianza. Es importante que el mensaje que reciban sea: “confío en ti, confío en que puedes hacerlo”.

 “En este sentido- continúa Rodríguez– si el niño es pequeño, la gestión del tiempo es fundamental. No se debe apresurar al niño y hay que darle el tiempo que necesita para hacer las cosas. Así, el adulto puede mantener una actitud positiva. Por otro lado- añade– si el niño es más mayor, conviene revisar los miedos de los padres con respecto a esa autonomía para evitar actitudes de sobreprotección.”

 

Cada uno a su ritmo

Coincidiendo con la idea de que la gestión del tiempo es esencial, tal y como explicaba nuestra experta, debemos recordar también que cada pequeño marcará su propio ritmo a la hora de adquirir sus propios hábitos de alimentación, vestido o higiene, por ejemplo. Unos lo harán antes y otros después, pero poco a poco todos llegarán de forma natural a ese momento vital en el que bastarán solo dos palabras para formalizar una firme declaración de intenciones: “yo solit@”. A partir de entonces, solo un consejo: paciencia.

19 / 04 / 21